Susurro del compresor; o la música blanca del cosmos
Una guía informal sobre cómo un sonido cotidiano puede llevarte al borde del abismo existencial.

Es medianoche y yo, ilnaz, con la frente fresca apoyada en el frío vidrio del refrigerador, escucho el susurro del compresor. El monótono «mmmmmm» que a veces cambia su ritmo con un «clic»; como el aliento de una criatura dormida. Recuerdo aquellas noches en casa de mi abuela, donde el sonido de aquel viejo refrigerador era mi único compañero en la habitación oscura, y yo, con los ojos bien abiertos en la cama, imaginaba ese sonido no como un intruso, sino como un guardián de las noches solitarias. Como si, con su zumbido, llenara la frontera entre yo y ese silencio absoluto y aterrador.
Pero la psicología de hoy ve este sonido como algo más que un simple guardián; un «estímulo liberador». La teoría del proceso irónico (Ironic Process Theory) sugiere que cuanto más intentamos no oír un sonido, más sensible se vuelve nuestra mente a él. Pero quizá esa sensibilidad sea en sí misma un regalo. Dentro de este paisaje sonoro de baja fidelidad (lo-fi) que la ciudad moderna ha construido para nosotros, el zumbido del refrigerador es como un ancla; un punto fijo en el torbellino de los pensamientos. Este sonido es tan insignificante que transporta nuestra mente a través del estrecho pasillo de los significados y la entrega a una fenomenología pura.
Y aquí, Heidegger susurra en mi oído: en nuestra vida cotidiana, realmente no oímos el «sonido» en absoluto; oímos el sonido de las «cosas»; el carro de madera, el motor de la motocicleta, y aquí… el refrigerador. Para oír un «sonido puro», debemos liberar la mente del agarre de la utilidad cotidiana. ¿Y qué mejor momento para esta liberación que la medianoche? Cuando el refrigerador se transforma de un electrodoméstico a un «objeto sonoro»; ondas que bailan en la oscuridad de la cocina como partículas subatómicas.
Su sonido continúa. Este sonido es el narrador de mi existencia; así como en la noche, en mi consulta, el tictac del reloj narra la existencia de mis ansiosos consultantes. Este sonido es una paradoja: nos conecta con nuestras raíces terrenales (hogar, comida, seguridad), pero a la vez, con su monotonía, abre una ventana hacia ese «Logos» eterno del que habla Heidegger; el sonido del cosmos detrás del velo de esta caja blanca. Y tú, en el silencio de esta medianoche, en medio de todos estos sonidos sin sentido… ¿dónde, en esta onda sonora, has perdido tu propia voz?