Huye de las pinturas falsas y las sonrisas artificiales
La profundidad amarga es mejor que cualquier belleza falsa.

Lotus detesta las pinturas falsas y llenas de eslóganes, esas pintadas solo para la venta y vacías de todo sentimiento real. Ilnaz se siente hastiada de las sonrisas artificiales y de los halagos superficiales que nadie cree de verdad. Ambas han llegado a la conclusión de que vivir dentro del caparazón de las formalidades vacías agota a la persona mucho antes que la soledad. Este es su primer y más inquebrantable secreto de convivencia: sé honesto, aunque esa honestidad sea amarga.
Lotus dice: «Cuando ves una pintura donde la montaña y el sol anaranjado están representados con una precisión enfermiza, pero no hay rastro de pincelada, significa que el pintor ha huido de sí mismo. El arte auténtico es como un espejo; revela sus manchas e imperfecciones. En la investigación de la psicología del arte, cuando una obra se aleja de la «intención pura», se degrada a una mera mercancía decorativa. Amo las pinturas que no ocultan sus sombras desiguales bajo la luz del atardecer. Como en un taller de alfarería, un cuenco torcido vale más que diez perfectamente redondos. La superficialidad en el arte es engañar al espectador con una fachada impecable, y prefiero un lienzo imperfecto pero con aliento a cien obras maestras insulsas».
Ilnaz, sin embargo, mira el asunto desde otra perspectiva: «En la orientación escolar, me encuentro cada día con sonrisas detrás de las cuales hay lágrimas. Los niños han aprendido a dar las respuestas que el maestro espera, no lo que realmente sienten. La hipocresía es una enfermedad colectiva, una forma de cubrir el miedo al rechazo con una máscara agradable. En la psicología existencial se dice que cada pequeña mentira crea una grieta en la cáscara del «verdadero yo». Desprecio a esos pretendientes que llegan con ramos de flores y poemas clichés, porque sé que si les preguntas: «¿Qué quieres de la vida?», se limitan a repetir un cansino anuncio de televisión. Sinceramente, estar con alguien que habla de corazón, aunque sus palabras sean amargas, es mucho mejor que mil cumplidos vacíos».
Al final, ambas llegan a un extraño compromiso. Lotus admite que incluso una pintura llena de eslóganes puede abrir una puerta en la mente del espectador, siempre que el pintor haya volcado al menos una pizca de sí mismo en ella. E Ilnaz acepta que una sonrisa artificial de un desconocido quizá sea su único escudo para sobrellevar una fiesta tediosa. Sin embargo, su línea roja sigue siendo la misma: nadie tiene derecho a sacrificar la «verdad» por la «amabilidad momentánea». Así que pintemos cuadros honestos, ofrezcamos sonrisas genuinas y, si no podemos, guardemos silencio. El silencio es más honesto que cualquier mentira de color naranja.

