Por qué detesto el arte de consigna
Un cuadro, mil consignas; pero ninguna sirve para la vida.

Hace unos años, en una galería, vi un cuadro con una gran frase política. Los colores eran estridentes, la composición familiar, y el público tomaba fotos con entusiasmo. Pero la obra no tenía profundidad. Era como un anuncio publicitario que vendía una creencia en lugar de un producto. Allí mismo me pregunté: ¿por qué este cuadro, a pesar de su apariencia apasionada, no me provocó ningún sentimiento?
Los psicólogos del arte afirman que la percepción estética ocurre cuando el espectador puede conectar una obra con sus experiencias internas. Un investigador explica que enfrentarse a una obra auténtica despierta una especie de «autoconocimiento»; pero una obra que meramente repite una consigna rompe este vínculo. En lugar de diálogo, invita al espectador a la aceptación forzada.
Un artículo de investigación señala que el arte de consigna a menudo se produce para la afirmación grupal, no para descubrir un nuevo significado. El artista, en este camino, ejecuta en lugar de crear. El color, la forma y la composición están al servicio de un mensaje predeterminado. Esto significa la muerte de la creatividad; no deja espacio para la ambigüedad, las preguntas o la interpretación personal.
Como pintora, he experimentado esto. Cuando empiezo una obra insistiendo en un «mensaje específico», el resultado siempre resulta superficial. Pero cuando dejo el lienzo en blanco y permito que el color encuentre su propio camino, de repente nace una obra que desafía tanto a mí como al espectador. Esa obra puede ser menos vendible, pero está viva.
Así que la elección es mía: o una obra que grita una consigna en voz alta, o una obra que susurra y hace que el espectador se incline para escuchar. Yo prefiero la segunda. No por arrogancia, sino por respeto al arte mismo.
Para ser sincera, una vez pinté una obra de consigna por encargo de una institución. Me arrepentí. No por el dinero, sino por el tiempo perdido. Desde ese día, aparto con cautela cualquier boceto que huela a consigna prefabricada.

